jueves 26 de agosto de 2010

La princesa y el ciego


Había una vez una princesa que era muy linda, tenía muchísimos talentos y un reino enorme en su poder. Pero llevaba en la sangre una maldición horrible que estaba en su familia desde hacía 3 generaciones. Cada vez que la Princesa hablaba con alguien -no importaba quien fuera- su aspecto se transformaba y ella se veía totalmente distinta a como era realmente. Algunos rostros tambien eran tan agradables como el real, otros no demaciado, mucha gente del  reino solo conocía esos rostros y nadie sabía que era la Princesa. Entonces todo su poder, belleza y talento eran inútiles pues nadie conocía su identidad. Estaba condenada a una soledad eterna, solo cuando se veia a solas en el espejo podía ser ella misma y lloraba cada noche al sentirse sola. Un día harta de no poder gobernar y practicamente no existir en su propio reino, la princesa huyo de su Palacio a las afueras cerca de un lago para lanzarse y acabar con su vida; lloraba y decía al ver su reflejo "¿De qué me sirve verme así si nadie más puede verlo?"  estaba tan ocupada quejandose que no noto la prescencía de un jóven y humilde ciego que pasaba por ahí y la escuchó.

-Jóven  ¿Qué le pasa? ¿Por qué dice esas cosas? ¿Por qué llora?- Dijo el ciego.

-Por que mi vida no tiene sentido, hay una horrible maldición en mi  he clamado al cielo para que me libere de ella pero no ha respondido -

-Pero ¿Qué maldición puede tener alguien con una voz tan dulce?- Dijo el ciego tratando de acercarse a tientas.

-Una horrible, será mejor que no se acerque solo me sentiré peor. Soy una princesa, pero mi aspecto cambia con cada persona entonces nadie sabe quien soy yo realmente ni creen en mi cuando se los digo, estoy sola, incluso mis padres me han rechazado y desconocido- Dijo ella estando de espaldas sin percatarse que el chico estaba ciego.

-Pero pequeña, ellos deben ser unos tontos tu no tienes ninguna maldición, eso es porque nadie se ha acercado lo suficiente para ver que eso no es cierto, dejame acercarme yo te diré quien eres realmente no debes dudar de mí- El ciego empezo a tocar su rostro y a oler su cabello, ella se percato de su ceguera y entonces reacciono...

-Oiga ¿Cómo me va decir usted quien soy ? Usted esta peor que los demás no puede ver nada.

-Te equivocas, yo veo lo que los demás no se han detenido a ver, veo una Princesa muy bella que nunca nadie se había detenido a ver  con detalle por ver otras cosas que no son importantes. Así que ya tienes a alguien que cree en tí verdaderamente, ya puedes sentirte princesa.

El ciego sonrio y siguio su camino mientras la maldición se rompía. La Princesa muy feliz regreso a su Palacio para gobernar y ser vista y reconocida como lo que realmente es; una princesa. El ciego fue ciego toda su vida a la vista del hombre, pero fue puro de corazón y siempre creyo que lo que le decía aquella jóven era sincero.

1 comentarios:

Fulano dijo...

¿El reino de los ciegos?